EL SILENCIO DE LOS REGIDORES
por RICARDO CORTEZ
La reciente aprobación del informe financiero de la Feria de Primavera Jerez 2025 ha dejado un amargo sabor en la ciudadanía. Más que un ejercicio de rendición de cuentas, se trató de un acto mecánico, desprovisto de la transparencia que una inversión de más de 27 millones de pesos exige.
El pleno del cabildo mostró una complacencia peligrosa, al avalar los números sin un debate real ni un análisis profundo. Lo que debió ser un ejercicio de fiscalización se redujo a un trámite burocrático, carente de rigor y respeto hacia los jerezanos.
La ausencia de discusión sobre los ingresos y egresos evidencia una preocupante indiferencia. El derecho ciudadano a conocer cómo se manejaron los recursos quedó nuevamente relegado a un segundo plano, como si la fiesta fuera patrimonio exclusivo de unos cuantos.
Lo más inquietante fue el silencio de la mayoría de los regidores, quienes optaron por callar ante las exigencias de rendición de cuentas. Con su actitud, dejaron claro que la lealtad política se impuso al deber de representar al pueblo.
A ello se suma la inexplicable ausencia del presidente del Comité Ferial, la Tesorera y la Síndico Municipal durante esta sesión. La falta de estas voces clave solo multiplica las dudas y refuerza la percepción de opacidad en la gestión.
Ocho votos a favor fueron suficientes para aprobar el informe, mientras apenas cuatro regidores mostraron el valor de rechazarlo. Ese contraste habla de la fragilidad de nuestra democracia local y de la falta de compromiso con la transparencia.
El regidor Juan Manuel García, quien fungió como secretario del comité ferial, calificó la feria como un “éxito”. Sus palabras contrastan con la evidente precariedad en la organización y con las críticas al desempeño de su propio encargo.
La Feria de Primavera se ha convertido en una piedra en el zapato del alcalde Rodrigo Ureño. Lo que pudo presentarse como un logro terminó manchado por las irregularidades y la incapacidad de dar respuestas claras.
Pretender vender la celebración como un triunfo resulta insostenible cuando los números en rojo hablan por sí mismos. La opacidad no se maquilla con discursos optimistas ni con fotos oficiales de festejo.
Al final, lo que esta feria deja no son recuerdos de alegría, sino dudas legítimas. La complicidad de algunos regidores con el alcalde exhibe un pacto de silencio que ofende a la ciudadanía. Y la pregunta sigue vigente: ¿A quién sirve el cabildo, al pueblo o a los intereses del poder?
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