POLÍTICA CON RENCOR
por RICARDO CORTEZ
Las diferencias entre el presidente municipal Rodrigo Ureño y el gobernador David Monreal ya no son un secreto a voces; son un ruido constante en el escenario político local. No se trata únicamente de posturas ideológicas encontradas, sino de una disputa que, para muchos, ha cruzado la frontera de lo político y se ha instalado en lo personal.
Los desaires públicos, el afán de protagonismo y los intereses que comienzan a moverse con miras al 2027 parecen haber encendido la mecha. En política, nada ocurre por casualidad, y menos cuando el calendario electoral empieza a pesar más que la agenda de gobierno.
Un ejemplo claro se vio durante la inauguración de la Feria del Empleo en el municipio. Ahí, el gobernador apareció acompañado de Verónica Díaz, señalada como su carta fuerte para la sucesión, y de Hamurabi Gamboa, quien no disimula su aspiración de gobernar Jerez. El mensaje fue tan evidente como incómodo.
La ausencia del alcalde no pasó desapercibida. En corrillos políticos se comentó que se hizo todo lo posible para que no estuviera. Sea cierto o no, el hecho refuerza una percepción: las diferencias entre Ureño y Monreal no solo no se van a resolver, sino que podrían profundizarse.
Ambos actores se mueven en un terreno de alta exposición. Cada gesto, cada omisión y cada fotografía se interpreta bajo la lupa del 2027. En ese contexto, la confrontación deja de ser un asunto privado y se convierte en un problema público.
Falta mucho por ver y, sin duda, vendrán más capítulos. Nadie puede adelantar con certeza el desenlace de esta historia, pero sí se puede afirmar que el proceso electoral que se avecina ya comenzó en los hechos.
Hoy, todas las miradas —incluidas las de Ureño y Monreal— están puestas en las próximas elecciones. Por eso las diferencias se hacen más visibles y el “toma y daca” se intensifica.
Como se dice coloquialmente, “se traen ganas”. Las fricciones son evidentes y el ambiente político se vuelve cada vez más áspero, alimentado por la falta de acuerdos y resultados que beneficien a los ciudadanos.
Difícilmente las cosas cambiarán por voluntad propia. Serán factores externos los que terminen de definir el rumbo de esta confrontación. Por ahora, se comenta que ambos podrían llegar al 2027 con pocos resultados que presumir, pero con muchas ganas de figurar.
Lo que ocurra antes del arranque formal del proceso electoral será determinante, no solo para ellos, sino para el futuro del municipio. Más que hablar de reconciliación política, lo sensato es observar con atención los movimientos del tablero en Jerez.
No se trata de llevar el conflicto a un callejón sin salida ni de medir fuerzas por orgullo. Se trata de trabajar y unir esfuerzos por Jerez y por los jerezanos. Algo tan básico, y al mismo tiempo tan urgente, que hasta ahora no han logrado entender. ¿Usted qué opina?
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