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EL AÑO QUE DEFINE


 por RICARDO CORTEZ

Buena parte de lo que ocurra en el municipio de Jerez dependerá, sin rodeos, de la capacidad del alcalde Rodrigo Ureño para reivindicar su gobierno. No se trata de discursos bien ensayados ni de promesas recurrentes, sino de hechos verificables que devuelvan credibilidad a una ciudadanía cansada de esperar y cada vez más exigente con quienes detentan el poder.

Sin embargo, reducir el análisis a la figura del presidente municipal sería un error. La gobernabilidad no se construye en solitario. Al interior del Ayuntamiento existen decisiones pendientes, inercias mal atendidas y actores clave cuya actuación impacta directamente en la relación entre gobierno y sociedad. Ignorar esos focos rojos es apostar al desgaste prematuro.

Hasta ahora, Ureño ha sabido navegar entre presiones, conflictos internos y escenarios adversos. En más de una ocasión ha optado por ceder para mantener la calma, sin abandonar del todo su estilo personal de gobernar. El riesgo es evidente: gobernar a base de concesiones constantes termina por diluir la autoridad y enviar señales de debilidad.

Pensar que el próximo año traerá, por sí solo, un golpe de timón sería ingenuo. Todo indica que varios problemas no solo persistirán, sino que podrían agudizarse. La inercia política, cuando no se corrige a tiempo, se transforma en una pesada losa que limita cualquier intento de rectificación.

Zacatecas y, por supuesto, Jerez, comenzarán a sentir desde ahora el ambiente rumbo al proceso electoral de 2027. Ese contexto inevitablemente tensará la vida interna en Palacio Municipal, donde las lealtades se ponen a prueba y las ambiciones comienzan a moverse con mayor descaro.

La oposición tendrá margen para capitalizar errores, pero la verdadera batalla no estará fuera del gobierno, sino dentro de él. Las decisiones que tome Rodrigo Ureño en lo que resta de su administración marcarán no sólo su legado personal, sino el futuro político de su grupo cercano.

El desgaste natural del poder ya es visible. Gobernar cansa, exhibe y cobra facturas. Cuando no se corrigen los rumbos, ese desgaste se traduce en pérdida de control, fracturas internas y una narrativa pública cada vez más adversa.

El 2026 puede convertirse en un año bisagra: de consolidación o de declive. No faltarán quienes intenten influir, manipular o empujar al alcalde hacia decisiones que debiliten aún más su imagen. El acecho político será permanente y, como suele ocurrir, poco misericordioso.

Ahí es donde se pondrá a prueba el verdadero carácter de Rodrigo Ureño. Se sabrá si está dispuesto a asumir costos, tomar decisiones firmes y ejercer el poder con claridad, o si quedará atrapado entre intereses que poco tienen que ver con el bienestar de Jerez.

Lo que viene no será radicalmente distinto a lo ya vivido, solo que amplificado por lo que está en juego. El tiempo avanza, el margen de maniobra se reduce y el poder, cuando no se ejerce con determinación, termina por volverse en contra de quien lo posee. ¿Usted qué opina?

dsd_elportaljerez@gmail.com
twitter: @DSD_elportal







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