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LA DEUDA CON LÓPEZ VELARDE


 
por RICARDO CORTEZ

La entrega del Premio Iberoamericano de Poesía Ramón López Velarde 2026 a Víctor Manuel Mendiola representaba una oportunidad para que Jerez mostrara respeto, identidad y orgullo por una de sus figuras culturales más importantes. Sin embargo, la ceremonia dejó una imagen poco favorable: una anfitrionía fría, marcada por ausencias que no pasaron desapercibidas.

Recibir a un ganador de talla internacional en la propia Casa Ramón López Velarde no era un acto menor. Era el momento para que las autoridades municipales demostraran que la cultura ocupa un lugar importante en su agenda. Pero la ausencia de la titular de Cultura, de Turismo y del propio alcalde Rodrigo Ureño envió un mensaje contradictorio.

Resulta difícil entender cómo un gobierno que en el discurso asegura defender la memoria de Ramón López Velarde y la permanencia de su legado, no logra acompañar con presencia institucional uno de los eventos más relevantes relacionados con el poeta jerezano. La cultura no se defiende únicamente con declaraciones; se respalda con acciones y compromiso.

El problema no es solamente una silla vacía o una fotografía que no apareció. El verdadero tema es el mensaje que se transmite hacia los creadores, investigadores y visitantes que llegan a Jerez buscando encontrar una ciudad orgullosa de su historia. La indiferencia también comunica, y en esta ocasión habló más fuerte que cualquier discurso oficial.

La situación se reflejó también en el Teatro Hinojosa, donde la asistencia fue menor a la esperada para un acontecimiento de esta importancia. La ausencia del alcalde, de la regidora de Cultura y de varios integrantes del Cabildo genera una pregunta válida: ¿Dónde están nuestras autoridades cuando se trata de respaldar la vida cultural del municipio?

Jerez tiene una riqueza histórica y artística que podría convertirse en una de sus principales fortalezas. Pero para lograrlo se requiere una visión más amplia, donde la cultura no sea vista como un evento aislado o una obligación administrativa, sino como una herramienta de identidad, turismo y desarrollo social.

También llamó la atención la representación del Gobierno del Estado a través de Hamurabi Gutiérrez, ante la ausencia del gobernador David Monreal. Un nuevo episodio que deja la percepción de una relación distante y poco cercana con actividades que deberían unir esfuerzos entre los distintos niveles de gobierno.

Más allá de colores políticos o diferencias personales, la cultura merece respeto. Los gobiernos pasan, pero los nombres, las obras y los símbolos que representan a una comunidad permanecen. Jerez necesita autoridades que entiendan que honrar a Ramón López Velarde no es repetir su nombre en discursos, sino defender con hechos el patrimonio que dejó.

La propuesta es clara: crear una verdadera política cultural municipal, con presencia permanente, coordinación entre instituciones y respeto hacia quienes mantienen viva la identidad jerezana. La cultura no debe ser la última prioridad de una administración; debe ser uno de los pilares para construir una mejor sociedad ¿Usted qué opina?

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