2027 YA COMENZÓ
por RICARDO CORTEZ
La antesala del 2027 en el municipio no es un escenario lejano, es una realidad que ya comenzó a mover piezas dentro de todos los partidos políticos. PAN, PRI, PRD, Morena y el resto de las fuerzas políticas tienen enfrente una oportunidad que no deberían desaprovechar: depurarse desde dentro antes de salir a pedir nuevamente la confianza ciudadana.
El problema es que la depuración interna no suele ser un ejercicio cómodo. Implica revisar perfiles, decisiones y trayectorias, y sobre todo aceptar que no todo aquel que hoy ocupa o aspira a un cargo representa una opción sólida. En ese filtro, inevitablemente, algunos nombres quedan en entredicho, no por rumores, sino por la percepción pública que ya los acompaña.
En ese contexto, el partido que actualmente gobierna no puede darse el lujo de ignorar las señales. La defensa a ultranza de funcionarios cuestionados, sin un ejercicio mínimo de autocrítica, termina por erosionar no solo al gobierno, sino a la propia estructura política que lo sostiene.
No se trata de linchamientos políticos ni de campañas de desgaste, sino de algo más básico: resultados. Cuando los ciudadanos perciben falta de eficiencia, decisiones poco claras o ausencia de soluciones, el desgaste se acumula y termina pasando factura en el terreno electoral.
Es evidente que el alcalde Rodrigo Ureño ya se mueve en un escenario de posicionamiento político rumbo a lo que viene. Eso, en sí mismo, no es extraño en la vida pública; lo preocupante sería que ese movimiento se base más en la maquinaria administrativa que en resultados concretos que respalden su gestión.
El uso de estructuras gubernamentales para mantener presencia política siempre será un punto delicado, porque difumina la línea entre gobernar y hacer campaña. Y esa confusión, tarde o temprano, genera desgaste, tanto en la figura del gobernante como en su proyecto político.
La realidad es que la acumulación de problemas sin resolver no desaparece con discursos optimistas ni con mensajes bien elaborados en redes sociales. Los problemas públicos requieren atención directa, estrategia y capacidad de ejecución, algo que la ciudadanía ya está evaluando con mayor rigor.
Quienes analizan el panorama político local coinciden en un punto: la competencia en 2027 no será sencilla para el actual grupo en el poder. No necesariamente por falta de estructura, sino por el nivel de expectativas que no han sido completamente satisfechas.
Y en política, las expectativas incumplidas pesan más que las promesas nuevas. Cuando la gente siente que las soluciones llegaron tarde o incompletas, la balanza electoral suele inclinarse hacia la alternancia, incluso si no hay certezas absolutas sobre lo que viene después.
Al final, el verdadero reto para todos los partidos no es solo ganar la elección de 2027, sino llegar a ella con credibilidad. Porque sin credibilidad, cualquier estructura, por sólida que parezca, termina siendo solo un cascarón difícil de sostener ¿Usted qué opina?
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