LA REBATINGA POLÍTICA QUE SE AVECINA
por RICARDO CORTEZ
Habría que reflexionar con seriedad el sentido que ha adquirido el Mundial en la vida pública. Lo que debería ser una celebración deportiva global hoy se observa con recelo cuando algunos intentan convertirlo en herramienta de posicionamiento político. El balón rueda, sí, pero también ruedan las intenciones detrás del escenario.
El Mundial no le pertenece a ningún gobierno, partido o figura política. Es un evento deportivo que trasciende ideologías y fronteras. Cualquier intento de apropiación resulta no solo oportunista, sino también riesgoso para la confianza ciudadana y el propio espíritu del deporte.
Es cierto que el Mundial funciona como una pausa emocional ante la complejidad cotidiana que viven comunidades como Jerez. Sin embargo, esa pausa no debe confundirse con distracción permanente ni con una forma de anestesia social frente a los problemas reales.
En Jerez, como en muchas regiones, la realidad es contradictoria. Mientras se celebra el fútbol y los eventos deportivos, también se acumulan tensiones sociales, económicas y políticas que no desaparecen con un gol ni con un resultado favorable.
Aunque parezca temprano, la efervescencia electoral rumbo a 2027 ya está en marcha. Como ocurre en cada ciclo, algunos actores comienzan a moverse con estrategia, midiendo tiempos y gestos.
No es casual ver cómo ciertos actores intentan utilizar el Mundial como plataforma de visibilidad. El deporte se convierte en excusa para acercarse a la ciudadanía, generar simpatía y construir capital político de manera anticipada.
Detrás de muchas apariciones públicas o mensajes que parecen espontáneos, existe un cálculo evidente. Se busca generar cercanía, sumar seguidores y fortalecer aspiraciones que poco tienen que ver con el espíritu deportivo del evento.
Mientras unos parecen concentrados en su propia etapa de reconfiguración política, otros parecen estar distraidos con el ambiente mundialista, aunque aún falte tiempo para su desarrollo pleno. Todos observan, todos calculan.
En el caso de figuras como Rodrigo Ureño, el reto no es menor. El desgaste natural del ejercicio del poder puede convertirse en un factor decisivo. El próximo año será un espejo donde el electorado evaluará resultados, no discursos.
La competencia será intensa. La llamada “marca política” puede inclinar la balanza electoral, por lo que la disputa ya comenzó. No será solo una contienda de ideas, sino de narrativas, presencia pública y percepción ciudadana.¿Usted qué opina?
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