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FRENTES, FRENTES, FRENTES…


por RICARDO CORTEZ

Gobernar un municipio no es posar para la foto, ni repartir discursos optimistas cada semana. Gobernar implica asumir responsabilidades, controlar al equipo y responder por los errores. Hoy, en Jerez, cada nuevo problema parece confirmar que el gobierno municipal camina sin brújula y que el alcalde Rodrigo Ureño carga cada vez más con el peso de una administración desarticulada.

Los frentes que se le abren al gobierno terminan golpeando directamente la figura del presidente municipal. Porque al final, cuando un funcionario falla, quien da la cara es el alcalde. Y ahí está precisamente uno de los mayores problemas del ureñismo: un gabinete que parece operar por ocurrencias, sin estrategia, sin coordinación y, peor aún, sin resultados visibles.

Resulta preocupante escuchar al propio alcalde declarar en ocasiones que desconoce lo que ocurre dentro de su administración. Esa narrativa no genera empatía; genera alarma. Un presidente municipal no puede darse el lujo de parecer ajeno a lo que hacen sus funcionarios. Porque cuando la cabeza no sabe, el gobierno entero se convierte en un barco a la deriva.

El tema turístico es quizá uno de los ejemplos más delicados. Jerez presume el nombramiento de “Pueblo Mágico”, pero detrás del eslogan la realidad comienza a exhibir vacíos graves. La inexistencia de un verdadero plan de desarrollo turístico no es un detalle menor; es una señal clara de improvisación. Y mientras otros municipios fortalecen estrategias, aquí apenas intentan apagar incendios mediáticos.

Peor todavía fue escuchar cómo desde Desarrollo Económico se intentó minimizar el problema. Decir que “ya se trabaja” en un plan suena más a reacción tardía que a visión de gobierno. Porque los proyectos serios se presentan antes de las crisis, no cuando el riesgo de perder credibilidad ya está encima de la mesa.

La pregunta que muchos comienzan a hacerse en Jerez es sencilla: ¿En manos de quién está realmente el turismo? Porque si un municipio vive también de su imagen, de su cultura y de su identidad, entonces no se entiende cómo áreas tan sensibles terminan operando con tanta fragilidad administrativa.

Y si el turismo preocupa, el abandono cultural termina por encender otra alarma. Que Jerez haya quedado fuera del Programa de Impulso al Desarrollo Cultural Municipal 2026 no solo representa perder recursos; representa perder presencia. Hablamos de un municipio históricamente reconocido por su riqueza artística, musical y cultural. Quedar fuera no es casualidad: es desinterés, apatía o incapacidad.

Lo más grave es que ni siquiera existió una propuesta sólida por parte del área cultural municipal. Nadie levantó la mano, nadie gestionó, nadie defendió la posibilidad de atraer apoyos para el municipio. Y mientras tanto, el discurso oficial sigue insistiendo en que todo marcha bien. El problema es que la realidad ya comenzó a contradecir a la propaganda.

A esto se suma el informe financiero de la Feria de Primavera Jerez 2026. De acuerdo con lo presentado al cabildo, de 31 millones de pesos invertidos apenas se recuperaron alrededor de 6 millones. El dato por sí solo abre cuestionamientos inevitables. Porque cuando las cifras no cuadran políticamente, la ciudadanía empieza a exigir explicaciones más allá de los boletines oficiales.

Hoy el gobierno de Rodrigo Ureño enfrenta algo más peligroso que la crítica: enfrenta el desgaste de la percepción pública. Hay síntomas claros de desgaste interno, de falta de operación política y de una gobernabilidad debilitada.

Y en medio de tantos frentes abiertos, la gran pregunta ya comenzó a recorrer las calles de Jerez: ¿Le alcanzará políticamente para pensar siquiera en una reelección, cuando todavía no logra convencer sobre su presente? ¿Usted qué opina?

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