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EL PODER NO ES UN PREMIO






por RICARDO CORTEZ

El diputado local, Luis González, apareció en la política local prometiendo ser distinto. Dijo que no sería de esos políticos que recorren las calles pidiendo votos y después desaparecen detrás de un escritorio o de una camioneta blindada de indiferencia. Hoy, la realidad comienza a alcanzarlo y el discurso se le está cayendo a pedazos.

Resulta curioso cómo algunos legisladores solo recuerdan que existen ciudadanos cuando el calendario electoral empieza a moverse. Mientras las colonias siguen enfrentando problemas reales, el diputado parece más ocupado afinando su estrategia rumbo a la presidencia municipal de Jerez que rindiendo cuentas sobre su trabajo legislativo.

Porque esa es la gran pregunta: ¿qué resultados concretos puede presumir Luis González como diputado? Más allá de las fotografías en festivales escolares, celebraciones del Día del Niño o reuniones del Día de las Madres, poco se sabe de gestiones verdaderamente relevantes para el municipio.

La política moderna se ha convertido en una competencia absurda de sonrisas, abrazos y publicaciones en redes sociales. Hoy parece más importante aparecer en la foto correcta que resolver los problemas correctos. Y en ese juego, muchos políticos creen que el ciudadano todavía se conforma con palmadas y discursos reciclados.

Lo preocupante es que esta práctica ya no sorprende. Morena prometió romper con las viejas formas, pero varios de sus perfiles comienzan a parecer copias exactas de aquello que tanto criticaban. Cambiaron los colores, cambiaron los slogans, pero las costumbres siguen intactas.

En Jerez hay ciudadanos cansados de políticos que solo pisan las calles cuando necesitan votos. La gente quiere representantes que regresen aunque no haya campaña, aunque no haya cámaras, aunque no haya aplausos. Porque servir no debería depender de la temporada electoral.

Y no se trata de atacar por atacar. La crítica existe porque el silencio ciudadano también termina siendo complicidad. Cuando un funcionario prioriza su siguiente candidatura antes que sus responsabilidades actuales, deja claro dónde están realmente sus intereses.

Luis González todavía está a tiempo de demostrar que puede hacer política de otra manera. Pero para eso necesita dejar de comportarse como candidato permanente y comenzar a actuar como legislador. Necesita resultados, gestión y cercanía auténtica, no cercanía de calendario.

El problema es que muchos políticos creen que la memoria del ciudadano dura apenas unas semanas. Confían en que una campaña llena de eventos, música y fotografías podrá borrar años de ausencias y promesas incumplidas. Subestiman demasiado a la gente.

Jerez merece representantes que entiendan algo básico: el poder no es un privilegio personal ni un trampolín político. Es una responsabilidad pública. Y quien no lo comprenda, tarde o temprano terminará descubriendo que el electorado también sabe cobrar facturas.¿Usted qué opina?

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