EL COSTO DE LA IMPROVISACIÓN
Por Ricardo Cortez
La administración encabezada por Rodrigo Ureño comienza a mostrar señales claras de desgaste. Lo preocupante no es solamente la percepción ciudadana, sino los resultados visibles —o más bien la ausencia de ellos— en áreas fundamentales para el desarrollo del municipio. Hoy, uno de los temas que más alarma genera es el turismo, un sector que durante años fue motor económico para Jerez.
La posibilidad de perder el nombramiento de Pueblo Mágico no es un asunto menor ni un simple trámite administrativo. Es una advertencia seria sobre el abandono institucional y la falta de visión. La evaluación obtenida por el municipio fue reprobatoria y, hasta ahora, no existe una estrategia clara para revertir una situación que amenaza directamente la imagen y economía local.
Lo más preocupante es que mientras las observaciones aumentan, desde el gobierno municipal parece prevalecer la indiferencia. No se observan acciones contundentes, ni proyectos sólidos, ni una ruta definida que permita recuperar terreno. El turismo en Jerez se encuentra estancado y atrapado en la improvisación.
La titular del departamento de Turismo, Selene Muñoz, ha quedado a deber. La realidad termina por imponerse sobre cualquier discurso oficial. Los resultados simplemente no aparecen. La falta de promoción efectiva, la ausencia de productos turísticos innovadores y el evidente abandono de estrategias de desarrollo han terminado por colocar al municipio en una posición delicada.
Hoy Jerez enfrenta un problema mayor: no existen atractivos nuevos que motiven al visitante a quedarse, consumir o regresar. El turismo no puede sostenerse únicamente de la nostalgia o de la historia. Los municipios que avanzan entienden que se necesita inversión, creatividad, infraestructura y una agenda permanente de actividades culturales y recreativas.
Mientras tanto, el titular de Desarrollo Económico vuelve a salir públicamente en defensa del gobierno municipal, minimizando la gravedad de las malas evaluaciones y prometiendo mejoras futuras. El problema es que el discurso comienza a desgastarse porque las promesas ya no alcanzan para convencer a una ciudadanía cansada de esperar resultados.
Las mismas promesas se escucharon con el museo charro. Se habló de reactivarlo, de convertirlo en un punto importante para la promoción cultural y turística del municipio, pero el proyecto permanece atrapado en anuncios y declaraciones. Lo mismo ocurre con los espacios para agrupaciones culturales que siguen esperando condiciones dignas para ensayar y desarrollar actividades.
La realidad es contundente: sin cultura fortalecida, sin infraestructura turística y sin proyectos permanentes, el municipio pierde competitividad frente a otros destinos. Y mientras otros Pueblos Mágicos crecen y se reinventan, Jerez parece avanzar lentamente hacia el rezago administrativo y turístico.
Las malas calificaciones no solamente representan un golpe a la imagen pública. También provocan consecuencias económicas reales. La pérdida de recursos extraordinarios afecta directamente la capacidad del municipio para invertir en promoción, eventos, infraestructura y recuperación de espacios públicos. Al final, quienes terminan pagando el costo son los jerezanos y comerciantes locales.
El problema de fondo no es únicamente turístico. Lo que ocurre en esta área parece reflejar el estado general de varias áreas municipales: falta de planeación, ausencia de resultados y funcionarios más ocupados en justificar errores que en resolverlos.
Porque gobernar no es administrar discursos; gobernar es entregar resultados. Y hoy, la realidad en Jerez comienza a pesar más que cualquier narrativa oficial. ¿Usted qué opina?
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