LA FERIA COMO TERMÓMETRO
por RICARDO CORTEZ
La Feria de Primavera de Jerez no es cualquier evento: es la celebración más esperada por los jerezanos y un símbolo de identidad colectiva. Cada año, familias, comerciantes y visitantes depositan expectativas en un programa que debería mostrar lo mejor de la cultura, el entretenimiento y la organización municipal. Por eso sorprende que, a poco más de un mes de su realización, la edición 2026 siga envuelta en silencio.
El alcalde Rodrigo Ureño anticipó que sería una Feria sin precedentes. La frase suena ambiciosa, incluso seductora, pero las promesas requieren sustento. Hasta ahora no se conocen detalles concretos sobre la cartelera del Teatro del Pueblo, ni sobre la estructura general del programa. La expectativa crece, pero la información no llega.
Las preguntas son legítimas y necesarias: ¿Qué artistas encabezarán los espectáculos?, ¿Cómo se está diseñando la programación cultural?, ¿Se apuesta realmente por la calidad y el atractivo turístico?, ¿Quién tiene la última palabra en esas decisiones?
El Ayuntamiento aprobó por mayoría la propuesta enviada por el presidente del Comité de Feria, Alán López, que fija un costo de 31 millones 500 mil pesos para la edición 2026. Se trata de un incremento inusual que merecía un debate amplio, público y detallado. Sin embargo, ese intercambio de ideas no ocurrió con la profundidad que la ciudadanía esperaba.
El regidor Javier Cabral fue quien cuestionó severamente el aumento. Su postura puso sobre la mesa la necesidad de justificar cada peso, pero su voz no encontró eco suficiente en el Cabildo. En democracia, el disenso no es obstáculo: es una herramienta para mejorar decisiones. Ignorarlo es perder una oportunidad de fortalecer la legitimidad.
Mientras tanto, los prestadores de servicios turísticos —hoteles, restaurantes, comercios— siguen esperando información para comenzar su promoción. Sin fechas claras, sin artistas confirmados y sin una campaña definida, resulta difícil atraer visitantes que planean su viaje con anticipación. La economía local depende, en buena medida, de esa planeación.
El comercio, la hotelería y la gastronomía no pueden improvisar. Requieren tiempo para abastecerse, contratar personal y diseñar estrategias de venta. La falta de información no solo genera dudas; impacta directamente en la capacidad de preparación de quienes sostienen buena parte del dinamismo económico durante la Feria.
Es preocupante que, a pocos meses del evento, las respuestas sigan pendientes. La Feria no es un simple espectáculo: es un reflejo de la gestión municipal y de la capacidad de liderazgo de sus organizadores. Transparencia, planeación y comunicación clara son mínimos indispensables cuando se trata de recursos públicos y expectativas colectivas.
La pregunta final es inevitable: ¿esta incertidumbre forma parte de una nueva tradición en la organización de la Feria de Primavera de Jerez? La ciudadanía merece algo más que anuncios grandilocuentes. Merece información precisa, debate abierto y resultados que respalden las palabras. Porque una Feria sin precedentes no se construye con silencio, sino con claridad y responsabilidad. ¿Usted qué opina?
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