¿OPORTUNIDAD PERDIDA?
por RICARDO CORTEZ
Hoy queda claro que el Departamento de Turismo Municipal enfrenta un problema serio, profundo y persistente. No se trata de una percepción aislada ni de una crítica gratuita: los hechos hablan por sí solos y revelan una preocupante falta de dirección en una de las áreas más estratégicas para el desarrollo económico de Jerez.
Estamos en la antesala de la Jerezada 2026 y, paradójicamente, nuestras autoridades parecen poco preocupadas. Mientras el calendario avanza y la expectativa debería crecer, el silencio institucional y la ausencia de acciones concretas envían un mensaje equivocado: el turismo no parece ser prioridad.
El anuncio del programa, presentado hace días con bombo y platillo en un prestigiado hotel de la capital, prometía marcar un punto de inflexión. Sin embargo, el resultado fue decepcionante. Más que generar expectativa, dejó dudas, preguntas y una sensación de improvisación difícil de ocultar.
El programa de actividades resultó poco atractivo y genera escaso entusiasmo, tanto entre los ciudadanos como entre quienes podrían considerar a Jerez como destino turístico. No basta con cumplir un protocolo de presentación si el contenido carece de innovación, identidad y fuerza.
La falta de promoción turística que rodea al evento es evidente. No hay una narrativa clara, ni campañas visibles, ni una estrategia que coloque a la Jerezada en el radar estatal o nacional. En tiempos donde la competencia turística es feroz, la invisibilidad es una sentencia anticipada.
Surge entonces la pregunta inevitable: ¿cómo se espera atraer turismo y generar derrama económica? El turismo no llega por inercia ni por tradición; llega cuando hay planeación, creatividad y un mensaje claro que seduce y convence.
El alcalde Rodrigo Ureño ha señalado que esta celebración se ha consolidado como un evento cultural y turístico de gran alcance. La afirmación, aunque optimista, choca con la realidad actual. La consolidación no se sostiene solo con palabras, sino con resultados medibles y visibles.
La falta de promoción deja en desventaja a la Jerezada y compromete su impacto. Un evento sin difusión es un evento condenado a la irrelevancia, por más historia o simbolismo que pretenda representar.
Urge que el Departamento de Turismo salga de su estado de confort. La repetición de fórmulas gastadas y la ausencia de autocrítica solo profundizan la crisis. La comodidad administrativa no puede seguir siendo el eje de una política turística fallida.
La crisis turística en Jerez no es nueva, pero sí cada vez más evidente. Se necesitan estrategias claras, campañas efectivas y una visión a largo plazo que entienda al turismo como motor económico, no como trámite institucional.
El tiempo apremia y la presión aumenta. La Jerezada corre el riesgo de convertirse en una celebración con pocos turistas, sin impacto y sin relevancia. El turismo requiere planeación, profesionalismo y, sobre todo, voluntad política para hacer las cosas bien. ¿Usted qué opina?
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