SECTORES IGNORADOS
por RICARDO CORTEZ
Los sectores productivos de Jerez han comenzado a alzar la voz, exigiendo ser escuchados y tomados en cuenta por el alcalde Rodrigo Ureño. El descontento no surge por capricho, sino por una prolongada ausencia de diálogo y de voluntad política por parte del gobierno en turno.
Una de las quejas más recurrentes es la falta de claridad sobre quiénes son los funcionarios con los que se puede coordinar trabajo conjunto. No existe una agenda de vinculación ni una estrategia mínima de acercamiento. Los jerezanos no saben a quién acudir. Esa opacidad genera distancia, frustración y desconfianza.
El caso de los hoteleros es quizá el ejemplo más contundente de esta desconexión. Desde hace más de un año esperan ser convocados por el alcalde Rodrigo Ureño para hablar sobre proyectos turísticos. Pero la reunión no ha llegado. Aseguran que ni siquiera conocen a Selene Muñoz, titular de Turismo, una situación inaudita en un municipio que presume vocación turística.
Si el sector hotelero —uno de los pilares económicos— permanece ignorado, ¿Qué puede esperar el resto? Comerciantes, prestadores de servicios, artistas, creadores, productores y empresarios coinciden en una misma queja: nadie los escucha. La participación ciudadana se ha reducido a un concepto decorativo, útil solo para discursos, pero no para políticas públicas.
Peor aún es el papel de los regidores, quienes han mostrado indiferencia ante las demandas de la población. Su obligación es ser puente entre los sectores y el gobierno, pero han elegido el silencio. No representan ni gestionan, y su desconexión es tan profunda que parece intencional. La falta de compromiso es evidente.
El cambio prometido por Rodrigo Ureño no ha llegado a estos sectores, que siguen esperando señales de apertura y colaboración. Las expectativas eran altas, pero la realidad ha sido austera en resultados. No basta con discursos de cambio; se requieren acciones que encarnen esa narrativa. El tiempo para justificarse ya terminó.
Áreas clave como turismo, cultura y comercio permanecen únicamente en el plano del discurso. Ninguna se ha traducido en beneficios palpables para la población que sostiene la economía local. La falta de estrategia, sumada a la inexperiencia de algunos funcionarios, se traduce en proyectos ineficaces y esfuerzos aislados sin impacto real.
La actitud de ciertos funcionarios agrava el problema: se hacen de la vista gorda, evitan reuniones, rechazan entrevistas y actúan como si la ciudadanía fuera un estorbo. Un gobierno que teme escuchar termina gobernando a ciegas.
Para corregir el rumbo se requiere voluntad política, claridad operativa y sensibilidad social. El alcalde debe instruir a su gabinete para que atienda, escuche, convoque y proponga. Jerez no puede avanzar con un gobierno atrincherado en su propio hermetismo. La gobernanza se construye con todos, no desde la soledad del poder.
La solución está al alcance: mesas de diálogo reales, presencia institucional, transparencia y una agenda de trabajo abierta a los sectores productivos. El balón está en la cancha del alcalde. Si él y sus funcionarios no atienden estas problemáticas, Jerez seguirá avanzando con freno de mano. Y la ciudadanía no perdona la indiferencia. ¿Usted qué opina?
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