REINGENIERÍA EN EL GOBIERNO
por RICARDO CORTEZ
El ejercicio del poder no es estático. Todo gobierno, en cualquier nivel, enfrenta el dilema de ajustar o persistir. Los cambios en un gabinete no son capricho: son consecuencia directa del desempeño y, sobre todo, de los resultados que la ciudadanía percibe en su vida cotidiana.
A pocos meses de haber iniciado su segundo año al frente del ayuntamiento, el alcalde Rodrigo Ureño ha reconocido públicamente la necesidad de una reingeniería en la administración municipal. El anuncio, aunque esperado, abre una discusión inevitable: ¿se trata de ajustes cosméticos o de decisiones de fondo?
Porque gobernar no es solo encabezar un proyecto, sino rodearse de perfiles capaces de ejecutarlo. Y ahí es donde surgen las dudas razonables. Existen personajes cercanos al presidente municipal que, pese al tiempo transcurrido, no han logrado dar el ancho. Su aportación es mínima y sus resultados, francamente, inexistentes.
En política, la cercanía no sustituye a la eficacia. Los cargos públicos no deberían ser espacios de protección personal ni trincheras de compromisos heredados. Cuando un funcionario no suma, resta; cuando no propone, estanca; cuando no resuelve, debilita al conjunto del gobierno.
Son varias las áreas donde la falta de rumbo es evidente. Dependencias sin liderazgo, equipos desarticulados y colaboradores que parecen más preocupados por conservar el puesto que por cumplir con la encomienda. Ahí, una sacudida no solo es necesaria: es urgente.
La administración municipal no puede avanzar con lastres internos. Mantener titulares sin resultados envía un mensaje equivocado tanto al interior del gobierno como a la ciudadanía: que la lealtad pesa más que la capacidad, y que el confort político se impone al interés público.
De cara al inicio de 2026, se espera que el alcalde concrete movimientos que le permitan desprenderse de compromisos que no son suyos, pero que hoy condicionan su gestión. Gobernar también implica tomar decisiones incómodas y asumir los costos que estas conllevan.
Desde luego, todo depende de la óptica con la que se mire. Para algunos, los cambios generan incertidumbre; para otros, representan una oportunidad de recomponer el rumbo. Lo cierto es que, sin ajustes, el desgaste será mayor y el margen de maniobra, cada vez más reducido.
La ciudadanía no exige perfección, pero sí coherencia. Espera señales claras de que su gobierno escucha, evalúa y corrige. Un segundo año sin resultados contundentes suele convertirse en una pesada carga política difícil de revertir.
Los cambios, entonces, no deben entenderse como un síntoma de debilidad, sino como un acto de responsabilidad. Sacudir la administración puede ser el primer paso para recuperar el ritmo, redefinir prioridades y demostrar que gobernar es, ante todo, servir con resultados. ¿Usted qué opina?
dsd_elportaljerez@gmail.com
twitter: @DSD_elportal


%2010.53.09.png)
Comentarios
Publicar un comentario