UN GOBIERNO QUE PIERDE EL RUMBO MIENTRAS MIRA HACIA 2027
por RICARDO CORTEZ
Un gobierno no fracasa solamente cuando deja de hacer obras; también cuando pierde dirección, autoridad y capacidad de respuesta. En Jerez, la administración de Rodrigo Ureño comienza a exhibir síntomas preocupantes: funcionarios sin resultados, dependencias desarticuladas y una evidente ausencia de conducción política.
El problema no es nuevo ni puede atribuirse a circunstancias aisladas. Buena parte del gabinete municipal continúa sin entregar los resultados que se esperaban. Falta gestión, organización, proyectos y capacidad para resolver problemas que siguen acumulándose, mientras las necesidades de los jerezanos permanecen esperando atención.
Lo verdaderamente preocupante es que el alcalde parece no advertir la dimensión del problema o, peor todavía, ha decidido mirar hacia otro lado. Su participación esta semana en una conferencia de prensa del PRD estatal, durante horario laboral, vuelve a colocar sobre la mesa sus prioridades políticas.
Mientras Rodrigo Ureño aparece en escenarios partidistas, Jerez enfrenta pendientes que no admiten indiferencia. Está en riesgo la permanencia del nombramiento de Pueblo Mágico, no existe un proyecto cultural municipal sólido y tampoco se conocen resultados contundentes en materia de desarrollo económico, deporte y juventud.
A esto se suma el rezago señalado en aproximadamente el setenta por ciento de las obras municipales. No hablamos de asuntos menores ni de simples diferencias administrativas: hablamos de compromisos públicos que deben cumplirse. Una administración que no puede garantizar avances también está incumpliendo la confianza ciudadana.
Y mientras las dependencias parecen funcionar sin coordinación, ¿dónde está el presidente municipal? ¿Quién supervisa a los funcionarios? ¿Quién exige resultados? Rodrigo Ureño parece haber soltado las riendas de su gobierno, mientras sus asesores dan la impresión de estar más ocupados construyendo su futuro electoral que corrigiendo el presente administrativo.
La situación podría agravarse cuando los propios integrantes del gabinete y algunos regidores comiencen a buscar acomodo en otros grupos políticos. Las lealtades institucionales podrían convertirse en negociaciones personales, con funcionarios más preocupados por conservar espacios y privilegios que por concluir las responsabilidades para las que fueron contratados.
Porque gobernar no consiste en repartir nombramientos, tomarse fotografías, pronunciar discursos ni aparecer en conferencias partidistas. Gobernar significa tomar decisiones, supervisar, corregir y entregar resultados. Si los funcionarios no funcionan, el responsable político no puede esconderse detrás de ellos: la responsabilidad final también tiene nombre y apellido.
Señor presidente, ¿de verdad considera que esto es trabajar por Jerez? ¿Cree que los ciudadanos están satisfechos con una administración que acumula pendientes mientras usted parece anticipar la siguiente batalla electoral? El municipio no puede convertirse en sala de espera de sus aspiraciones políticas personales.
Y que nadie se engañe: cuando se acerque 2027, aparecerán personajes ofreciendo soluciones, prometiendo orden y presumiendo capacidades que hoy no necesariamente demuestran. Los jerezanos debemos observar trayectorias, exigir cuentas y cuestionar a quienes gobiernan. Porque Jerez no necesita políticos que busquen perpetuarse; necesita gobernantes que sepan cumplir ¿Usted que opina?
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